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lunes, 26 de enero de 2026

Escuchar en voz
PRACTICANDO "LA LIBERACIÓN DE LA
MENTE"
Lección 26 Mis pensamientos de ataque atacan mi
invulnerabilidad.
Seguramente resulta obvio que si puedes ser atacado
es que no eres invulnerable. Ves el ataque como una amenaza real. Esto
se debe a que crees que realmente puedes atacar. Y lo que tendría
efectos a través tuyo también tiene que tenerlos en ti. Ésta es la ley
que en última instancia te salvará, pero de la que ahora estás haciendo
un uso indebido. Debes, por lo tanto, aprender a usarla en beneficio de
lo que más te conviene en vez de en su contra.
Puesto que no podrás sino proyectar tus pensamientos de ataque, temerás
ser atacado. Y si temes ser atacado, es que crees que no eres
invulnerable. Los pensamientos de ataque, por lo tanto, hacen que seas
vulnerable en tu propia mente, que es donde se encuentran. Los
pensamientos de ataque y la invulnerabilidad no pueden aceptarse al
unísono, pues se contradicen entre sí.
La idea de hoy introduce el pensamiento de que siempre te atacas a ti
mismo primero. Si los pensamientos de ataque entrañan forzosamente la
creencia de que eres vulnerable, su efecto no es otro que debilitarte
ante tus propios ojos. De este modo, han atacado tu percepción de ti
mismo. Y puesto que crees en ellos, ya no puedes creer en ti mismo. Una
falsa imagen de ti mismo ha venido a ocupar el lugar de lo que eres.
Practicar con la idea de hoy te ayudará a entender que la vulnerabilidad
o la invulnerabilidad son el resultado de tus propios pensamientos.
Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte. Nada, excepto
tus propios pensamientos, puede hacerte pensar que eres vulnerable. Y
nada, excepto tus propios pensamientos, puede probarte que esto no es
así.
La idea de hoy requiere seis sesiones de práctica. Se deben dedicar dos
minutos completos a cada una de ellas, que pueden reducirse a uno en
caso de que la incomodidad sea demasiado grande. No deben reducirse a
menos de eso.
Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, luego cierra los ojos y
trae de nuevo a la mente aquellas cuestiones aún sin resolver cuyos
posibles desenlaces te inquietan. La inquietud puede manifestarse en
forma de depresión, ansiedad, ira, una sensación de coacción, miedo,
malos presentimientos o preocupación. Cualquier problema aún sin
resolver que tienda a reaparecer en tus pensamientos durante el día
constituye un sujeto adecuado. No podrás abarcar muchos de ellos en cada
sesión de práctica porque se debe dedicar más tiempo del habitual a cada
uno de ellos. La idea de hoy debe aplicarse de la siguiente manera:
Primero nombra la situación:
Estoy preocupado acerca de ___.
Luego examina todos los posibles desenlaces que se te hayan ocurrido en
conexión con la situación que te hayan causado inquietud, y refiriéndote
a cada uno de ellos de manera muy concreta, di lo siguiente:
Temo que lo que pueda ocurrir es que ___.
Si has estado haciendo los ejercicios correctamente, deberías haber
encontrado cinco o seis posibilidades desagradables para cada una de las
situaciones en cuestión, y probablemente más. Es mucho mejor examinar
detenidamente unas cuantas situaciones que revisar un número mayor
superficialmente. A medida que la lista de los desenlaces que prevés se
haga más larga, es probable que algunos de ellos, especialmente aquellos
que se te ocurran hacia el final, te resulten menos aceptables. Procura,
no obstante, en la medida de lo posible, de tratarlos a todos por igual.
Después de que hayas nombrado cada desenlace que temes, di para tus
adentros:
Este pensamiento es un ataque contra mí mismo.
Concluye cada sesión de práctica repitiendo una vez más para tus
adentros la idea de hoy.
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